Viaja y Disfruta del Glaciar de Les Diablerets

Puedes ser  expulsados de las alturas por un teleférico ultramoderno que permite que los visitantes asciendan hasta los tres mil metros. En esta cota, la nieve queda presa en un impresionante glaciar, uno de los destinos del esquí más in de Suiza.

Al pie de esta impresionante barrera rocosa, un sinfín de sinuosos caminos perfectamente señalizados tientan como la serpiente a Eva. Yo decido ascender hasta la cima de la Palette, donde una panorámica de los Alpes permite observar el Vía Crucis de montañas que

me esperan: desde la Jungfrau hasta el Montblanc. No sé si podré con ellas o sucumbiré ante tanto esfuerzo.

El segundo campo base lo sitúo en Zermatt, a los pies de la emblemática cima del Cervino. Este pináculo gótico debe de ser la montaña más fotografiada del mundo. Las caras norte y oeste han sido reproducidas hasta la saciedad en cajas de colores de una famosa marca suiza, en chocolates con y sin leche, con almendras o en ropa de montaña.

 

Cuando los primeros rayos de sol iluminan la cima del Cervino, parecen rendir homenaje a los nombres míticos dela montaña, como el de Edward Whymper, primer escalador, junto con cinco compañeros de cordada, en llegar a la cima en 1865 el mismo que lanzó al aire un modesto «¡hurra!» como muestra de su flema británica; el de Walter Bonatti, vencedor de la cara norte en invierno.

 

El hotel Monte Rosa también enaltece la memoria de Whymper. Aquí se hospedó el alpinista antes de iniciar la conquista. Ante la placa que lo recuerda se me aparece la tragedia: de los seis miembros que llegaron a la cima tan sólo la mitad regresaron a Zermatt.

 

Los inicios del alpinismo

Para engrandecer aquella gesta vale la pena visitar el Museo Alpino, donde se exponen algunos de los materiales utilizados para practicar el alpinismo en aquella época: botas claveteadas, piolets largos como lanzas, cuerdas de Cáñamo… Se eriza el pelo sólo de pensar encargar con esos cachivaches.

 

Desde la estación de Sunnegga la vista sobre el Matterhorn —nombre del Cervino en la vertiente suiza- vuelve a abrir el baúl de los recuerdos. Ésta es la Suiza que tengo en mi memoria. Espléndidas y altivas montañas, torturados glaciares, prados con chozas para guardar el heno y, cómo no, japoneses que se agolpan para tomarla mejor fotografía.

 

La oferta en la zona es apabullante:

ascender hasta el Klein Matterhorn; tomar el tren cremallera hasta Gomergrat; acercarse hasta el pequeño lago de Schwarsee, en la base del Cervino; escalar, esquiar, paseos al lomo de llamas. Cuando estás agotado, el merecido y silencioso descanso se encuentra en Zermatt: sólo está permitido circular en vehículos eléctricos, bicicletas o trineos tirados por caballos.

Hacia el norte, hay que pasar por el collado de Grimsel, porque así puede cumplirse con otra visita obligada en Suiza: el desfiladero del río Aare. Después, y antes de enfrenarse a otras cimas alpinas y empezar a padecer el síndrome del yo-yo —que se manifiesta en las personas que suben y bajan montañas, vale la pena hacer un alto en Lucerna.

Es el momento de tu turno, disfruta de estos glaciares y montañas, divierte a las páginas y diviértete separando tu cupo online.

 

 

 

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